Rebeca, la nana de Maruca y Ana, las llevó a la Kermes del pueblo el día de Santa Ana, pasaron por los juegos mecánicos, los antojitos y por los puestos donde uno busca fortuna.

En la tómbola, Maruca probó suerte, sacó el número 54, que correspondía a una miniatura, una pequeña rejilla de Coca-Colas que se encontraba entre los premios de consolación. Maruca sonriendo de oreja a oreja lo agradeció, Ana quiso probar suerte para tener una igual. Saca el número 18 y al buscarlo con la vista se topa con un  triciclo precioso y reluciente color rojo; en ese instante Rebeca sonrió y Ana se afligió. Cuando lo recibe Ana, pide que se lo cambien por una rejilla como la de Maruca. Rebeca le decía que lo que le había tocado era mejor, Ana sabía que eso hacía mayormente posible el cambio, ya que el trueque era a favor del otro, y ahí empezó el drama de la mala fortuna, Ana lloraba y lloraba nunca pudo acordar con Rebeca que su fortuna no era un consuelo.

Anuncios